Que Toledo es una ciudad preciosa no es ningún misterio. Tanto es así, que incluso la preboda de Azucena y Ramón la hicimos allí, disfrutando de una puesta de sol maravillosa que prometo enseñaros en un futuro post. Me encantan sus calles, sus vistas, sus piedras, su luz… una de las ventajas de trabajar desde Madrid es que toda España queda relativamente cerca, y personalmente agradezco que me salgan bodas fuera de Madrid, ciudad que siempre se me antoja un tanto hostil, un tanto inhumana en general.
Azucena y Ramón es una pareja (ahora ya matrimonio) basada en el equilibrio de los opuestos. Azucena es una mujer con unos ojos y una mirada que quitan el hipo (por bellos), que tiene fuego en el cuerpo y que emana energía yang por todos sus poros – es una mujer explosiva, muy femenina y con un carácter guerrero. Semejante poderío es inteligentemente contrarrestado por Ramón (o Jesús, según para quién), el cual equilibra a Azucena con una actitud muy reposada, introvertida, muy zen, muy ying. Ramón es la encarnación de la serenidad, e intuyo que hay pocas cosas que le logren sacar de sus casillas. Lo cual no quiere decir que no le afecten, ojo.
La boda estuvo también basada en los opuestos: una iglesia hermosa, grandilocuente, impactante y espaciosa que contrastó con un salón suficientemente grande, pero recogido y familiar. Las vistas a Toledo, impresionantes.



















por Masyebra
sin comentarios
url de esta entrada enviar a un amigo