Que Toledo es una ciudad preciosa no es ningún misterio. Tanto es así, que incluso la preboda de Azucena y Ramón la hicimos allí, disfrutando de una puesta de sol maravillosa que prometo enseñaros en un futuro post. Me encantan sus calles, sus vistas, sus piedras, su luz… una de las ventajas de trabajar desde Madrid es que toda España queda relativamente cerca, y personalmente agradezco que me salgan bodas fuera de Madrid, ciudad que siempre se me antoja un tanto hostil, un tanto inhumana en general.
Azucena y Ramón es una pareja (ahora ya matrimonio) basada en el equilibrio de los opuestos. Azucena es una mujer con unos ojos y una mirada que quitan el hipo (por bellos), que tiene fuego en el cuerpo y que emana energía yang por todos sus poros – es una mujer explosiva, muy femenina y con un carácter guerrero. Semejante poderío es inteligentemente contrarrestado por Ramón (o Jesús, según para quién), el cual equilibra a Azucena con una actitud muy reposada, introvertida, muy zen, muy ying. Ramón es la encarnación de la serenidad, e intuyo que hay pocas cosas que le logren sacar de sus casillas. Lo cual no quiere decir que no le afecten, ojo.
La boda estuvo también basada en los opuestos: una iglesia hermosa, grandilocuente, impactante y espaciosa que contrastó con un salón suficientemente grande, pero recogido y familiar. Las vistas a Toledo, impresionantes.



















Laura y Adrián son el vivo ejemplo de que no hay que hacer las cosas complicadas para que salga una boda con magia y mucha, mucha felicidad. Laura es intensa, alegre, gesticulera y muy bella por dentro y por fuera. Adrián es mucho más recatado, guardando el secreto de sus sentimientos para sí y para Laura, pero una vez lanzado, es un terremoto. Los tres nos lo pasamos genial en una preboda que se nos fue de las manos en horas dedicadas y fotos disparadas. El añejo jugo escocés que Adrián puso sobre la mesa para acompañar la velada hizo las veces de puente entre mi objetivo y su timidez. Quizás algún día cuelgue los resultados…
La boda de Laura y Adrián fue sencilla, en una preciosa iglesia de barrio donde era muy difícil aparcar y muy fácil meterse en una atmósfera cargada de suave tranquilidad. Poquitos invitados y muchísimas caras alegres para acompañar a una pareja con una vida llena de miradas secretas, momentos secretos y claro, como no podía ser de otra manera, los hermanos Urquijo hicieron los honores en un atrevido “vals” con música de… Los Secretos. Me gusta muchísimo que se esté rompiendo la vieja tradición de sustituir el vals por música afín a la pareja, infinítamente más cercana a nuestra generación y cultura que las famosas melodías traídas de Austria. Y si encima asumimos que en realidad pocos de nosotros sabemos bailar y nos dedicamos sencillamente a disfrutar del momento, pues a mí me hacen un favorazo, porque salen fotos como la última de esta serie. Luz de Boda en estado puro.















por Masyebra
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