La indolente sonrisa de la madurez[ Boda en El Museo del Traje. Madrid ]

Yoel Masyebra :: fotógrafo y videógrafo de bodas

Hubo algo muy concreto en el aire de la boda de Natalia y Ángel que me encantó: la sutil pero muy tangible intención de hacer una ceremonia sin concesiones a la galería. Cuando uno entra ya en esa zona de la vida donde las máscaras sociales se han caído y ya te encuentras a gusto con tu personaje, ocurren cosas como ésta. Resulta que te pones dónde quieres, cuándo y cómo quieres, dices lo que quieres… y te sienta fenomenal. Y suena fenomenal. Y se ve igualmente fenomenal.

Soy consciente de que una sensación así es prácticamente imposible de transmitir en fotos, pero de veras me encantaría haberlo conseguido. Porque la clave de este día estuvo precisamente en la ceremonia, cosa rara en estos tiempos donde uno no sabe muy bien por dónde tirar con el rito de turno. En este caso lo de menos fue el continente (El Museo del Traje, en plena Ciudad Universitaria de Madrid) o la fórmula planteada, que se adaptó con bastante fidelidad a aquello de amigo-íntimo-oficia-la-ceremonia-aderezada-con-bellas-palabras-de-los-nuestros. No. El truco estuvo precisamente en las palabras, actitudes y sentimientos planteados por todos los que hablaron, desde mi queridísimo Fernando (al que también tuve el honor hace un porrón de tiempo) hasta el propio novio, pasando por la delicada cantante, las Celestinas asturianas y acaso el poema más bello que he escuchado jamás como regalo de bodas por obra y arte de Jose Garzón, entre otros varios protagonistas. Bello. Intenso. Extraordinario. Brutal. Un crochet directo al diafragma. ¡Ouch!

El resto, pues muy bien, muy normal, muy agradable todo. El jamón, de leyenda – como cabría esperar dadas las circunstancias. Una boda de esas que hacemos los que ya no cumpliremos los treintaytantos y ¡por fin! ya no tenemos nada que perder. Blame it on my youth, que cantaba el bueno de Cullum.

Disfrutad.

 

      Blame it on my youth :: Jamie Cullum

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