Solo es una boda de pueblo[ Boda en Fuentearmegil ]

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[ Boda en Fuentearmegil. Convite en el Hotel Virrey Palafox, El Burgo de Osma. ]

En el breve trayecto que iba desde la calle principal hasta su casa, Puri me repitió hasta cuatro veces a modo de disculpa que “solo es una casa de pueblo”. Puri es la prima de Laura, la novia, y me hospedé en su casa, tan viva como digna. Y sí: era una casa de pueblo, claro, casa de las de antes buenoyqué.

Fuentearmegil es un pueblo perdido de Soria, ya medio abandonado pero aún con vida. De hecho, aquella noche su cruce principal rezumaba gentío, peña bailando sobre el asfalto y mesas esparcidas por doquier, burdamente iluminadas por las farolas del ayuntamiento. La fiesta fardaba de charanga y el abuelo repartía platos de un conejo templado que sabía a campo y a eso: al conejo del abuelo. Abrazos, risas, regalos, piscolabis, humanidad. Tribu y buen rollo de pueblo, que ya escasea. El tema es cantar a la novia, que la goza desde el balconcillo de la abuela, que para eso vino divino. Incluso la iglesia del pueblo había iluminado su campanario para la ocasión.

La familia aceptó a regañadientes que Laura optara por casarse en el ¿club social? del pueblo en detrimento del templo local. La sala, otrora diáfana y sin adornos, lucía preciosa gracias al esfuerzo de la familia que se había dejado un buen puñado de días en el empeño. Visto el amoroso resultado, no la cambiaría yo por nada del mundo. Momento ego: por primera vez en mi carrera, una de las fotos que les hice en su preboda lucía enorme detrás del improvisado altar, haciendo las veces de retablo con los novios en modo amor total. Impagable. El convite fue en el Hotel Virrey Palafox, un sitio pipa de El Burgo de Osma, población que se vanagloria de seguir teniendo un toque noble medievalesco más que digno. Y lo tiene, vive Dios.

Y así transcurrió la maravillosa boda de Laura y Adrián, entre cantos picantes de amor, Raiko entregando los anillos tal y como prometió en la invitación, bailes regionales, torreznos sorianos (una exquisitez, oiga) y cosas de siempre. Cosas de allí. Tanta humanidad no la cambio yo por fasto alguno, pardiez, así me salgan treinta bodas como ésta… aunque solo sea una boda de pueblo.

Disfrutad.

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