Tenía muchas ganas de publicar este post, la verdad. Nestor y Mayka no son solo ya muy buenos amigos, sino que su boda es probablemente la que más me ha ayudado a explicar mi trabajo en 2009 por muchas razones: Humanamente, Nestor es era uno de esos novios que odian odiaban ser fotografiados y Mayka es era una de esas novias con la típica timidez ante la cámara de quien nunca ha hecho una sesión fotográfica, así que a ambos les pongo como ejemplo de que cualquier persona puede salir fenomenal en las fotos, si se deja llevar. Técnicamente, hicimos dos prebodas (una de interior en su casa de Madrid y otra de exterior en Vigo), utilizaron esas fotos para un montón de momentos en la ceremonia (con los roll-ups que pusieron a la entrada del salón como pieza principal), y me dieron toda la libertad del mundo a nivel artístico para procesar sus fotos y maquetar su álbum a mi gusto. Profesionalmente, ha sido un trabajo muy gratificante. Humanamente, ha sido divertidísimo y muy, muy placentero.
Dice un viejo aforismo de la fotografía de bodas que cuanto peores sean las fotos, más se tienden a llenar las páginas con imágenes. El problema no está en la maquetación en sí, sino en la fotografía que la sustenta: la foto debe ser en realidad lo suficientemente buena como para contar su propia historia. Llenar una página con 6, 7 u 8 fotos aturde la mirada y no nos permite disfrutar de la historia y las emociones que retrata. Y eso requiere espacio – la foto necesita respirar para explayarse. Por contra, el resultado de las maquetaciones sobrecargadas es más difuso, más sucio – demasiadas cosas ocurriendo en un espacio reducido merman la expresión del conjunto. Por eso yo siempre prefiero cargar muy poco las hojas. Nunca uso plantillas. Por ejemplo, en este álbum he jugado más de lo habitual con los bordes, los marcos, las líneas y las composiciones, pero ya me va bien: en realidad nunca sé muy bien cómo voy a maquetarlo hasta que tengo la selección final de fotos en pantalla. A veces la boda me inspira una maquetación más sencilla, otras un tanto más elaborada.
Otra cosa inusual que tiene este álbum es su número de páginas: si bien el tamaño normal son 60 páginas (en nuestro argot, 30 pliegos), éste tiene 82 páginas (41 pliegos). Eso se debe a la importancia que le han dado a las fotos de ambas prebodas. Otras veces, la parte de preboda la sacamos en un álbum separado que llevamos a la propia boda para que los invitados escriban sus bienaventuranzas en las propias hojas del mismo. Es lo que yo llamo álbum de firmas. Pero esa es una historia que os contaré en otra entrada…
Lo que estáis viendo abajo es el álbum completo con todas sus páginas. El orginal es apaisado, de 30 cm de alto por 40 cm de ancho, lo que hace que el álbum abierto sea de 80×30. Es un formato que estoy usando últimamente mucho, si bien personalmente me empiezo a inclinar más por tamaños más pequeños de lo que se usan en España. Ese formato de “libro abierto” de 80×30 es exactamente lo que que véis abajo; algunas veces se ve claramente que hay una foto en cada página, en otras meto una GRAN foto que pisa la página colindante o incluso cubre totalmente ambas, como es el caso de la entrada al restaurante.
Espero que disfrutéis el trabajo tanto como lo he hecho yo.





















































































































por Masyebra
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